Los mejores rincones de Santander

Inspiraciones

¿Estás pensando en hacer próximamente una escapada a Santander? Desde welcomebeds.com lo primero que te podemos decir es que es una excelente elección. Tanto por los muchos atractivos que atesora la capital cántabra como por su abundante oferta de alojamiento. ¿Quieres saber más? Pues a continuación te presentamos los mejores rincones de Santander.

Los rincones de Santander, un mundo desconocido

Lo cierto es que no te vamos a descubrir nada nuevo, ya que Santander se convirtió en un maravilloso destino de vacaciones desde hace mucho tiempo. Concretamente desde que a principios del siglo XX, la ciudad fuera elegida por el rey Alfonso XIII para pasar su tiempo de ocio. Y desde entonces, el turismo en Santander sigue destilando una glamurosa aura de elegancia.

Playas del Sardinero

El área de Santander que mejor plasma aquella época es la zona del Sardinero, donde por otra parte se encuentra las playas de la ciudad. Hasta seis playas tiene Santander. De ellas, dos reciben el nombre de playa del Sardinero, primera y segunda.

Y otras de enorme atractivo son la del Camello y la de la Maruca.
Son lugares donde bañarse, sentarse a tomar el sol o dar caminatas a orillas del mar Cantábrico. Y es que como es habitual en este litoral del norte de España, las playas poseen muchos atractivos visuales. Lugares de lo más fotogénico, que aquí se materializan por ejemplo en el espolón de Piquío o el Faro de Cabo Mayor.

Más atractivos del Sardinero

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Ya hemos comentado que Alfonso XIII eligió Santander como su destino vacacional predilecto. Eso supuso que no solo llegara el monarca, sino que siguiendo al gobernante viniera toda la aristocracia y alta burguesía de la época. Y para alojar a toda esa élite se construyeron elegantes edificios, alguno de los cuales se conservan en la actualidad y siguen manteniendo un uso turístico como es el caso del Hotel Real o el Gran Casino.

El Palacio de la Magdalena

Otro de esos lugares que transmite elegancia es el Palacio de la Magdalena, ubicado en la península del mismo nombre que divide en dos partes diferenciadas la bahía de Santander. La visita a este palacio es obligada durante una visita a la capital cántabra.

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Pero no solo es interesante por admirar este edificio que durante los meses más calurosos se convierte en la sede de la Universidad de Verano Menéndez Pelayo. Además de eso, allí se disfruta de los amplios jardines que lo rodean. Estos son un lujo para la ciudad y una enorme sorpresa para los visitantes, que allí descubren un minizoo donde hay hasta pingüinos.

Paseo de Pereda

Tal y como hemos comentado, la península de la Magdalena divide en dos la bahía santanderina. A un lado la zona ya descrita del Sardinero, y al otro el área del puerto. En esa es por donde discurre el Paseo de José de Pereda. Un recorrido desde el que siempre se contempla el mar Cantábrico.

Pero además del mar se ven vestigios del antiguo puerto, como una enorme y antigua Grúa de Piedra, con la que se trabajó durante casi toda la centuria pasada. También se ven unos elegantes jardines ante algunas de las fachadas más afamadas de Santander. E igualmente, hay numerosas esculturas a lo largo del paseo, entre ellas las de unos niños de bronce que parecen lanzarse al agua del mar: son los “raqueros”.

La plaza Porticada

El paseo de Pereda se puede tomar como antesala para adentrarnos en el casco histórico santanderino. Y en él hay varios rincones que se deben conocer. Uno sin duda es la plaza Porticada. Allí os llamará la atención la estatua del centro. Es Pedro Velarde, uno de los héroes cántabros de la Guerra del Independencia.

Y desde aquí ya solo queda caminar por calles como la del Medio, la del Arrabal o llegar hasta la plaza del Ayuntamiento, verdadero origen de Santander en tiempos de los romanos. Caminando por esas calles y todas del entorno no es difícil encontrar bares, tabernas y restaurantes para degustar la rica gastronomía santanderina.

Una cocina abundante como demuestra un buen cocido montañés. Sabrosa como son las exquisitas anchoas del Cantábrico. Marinera como las marmitas de bonito, y de montaña como plasma su rica carne de ternera. Y desde luego dulce y contundente, tanto como los afamados sobaos.

¿Qué te ha parecido este recorrido por los rincones de Santander? ¿Ya estás listo para descubrirlos?

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